Pero hoy no cambio mi ciudad actual por mi ciudad natal.
La charla de hoy con una amiga que se ha vuelto a la Argentina después de vivir varios años aquí, me ha dejado involuntariamente pensado en la misma pregunta que tantos me hacen a mi solo por ser extranjera: te volverías a vivir a tu país, y la respuesta siempre es la misma, no.
No me hago yo esta pregunta, pero la escucho un montón de veces, y mi amiga hoy la hacía en sentido inverso: te parece que me vuelva para allá? .
Cuando volvía del centro a casa esta tarde, miraba desde la ventanilla del bus y me dio gusto pensar que este perfil de edificios bajos con algunos pocos más altos y el mar al fondo es mi ciudad. Adoro la estampa que se observa desde lo alto de la montaña, se puede ver toda la ciudad y el mar.
Cuando mi amiga me decía hoy que extrañaba todo lo que esta ciudad ofrece a quien la habita, los bares, las exposiciones, los museos, la playa, yo pensaba que en mi día a día yo si puedo disfrutar de todo esto.
Como decía el poeta, se hace camino al andar. Cada uno va descubriendo que camino quiere hacer y lo construye día a día. Encarando con firmeza, dudando, preguntándose si es el correcto, rectificando a tiempo, aprendiendo de los errores, y tratando de no olvidar que lo más importante es disfrutar del recorrido. De nada sirve llegar a destino si nos perdimos el viaje. Si no observamos el paisaje y nos dejamos empapar de su belleza. El mío en esta etapa tiene calles empinadas desde las que se puede ver toda la ciudad y que luego te llevan hasta el mar. Montañas a 10 minutos de casa por las que se puede caminar un domingo de sol. Milongas para bailar el tango, ver a los amigos y volver a casa cansada pero feliz.
Amiga, deseo que aquí, allí o donde tu instinto te lleve, encuentres tu lugar y no te olvides que lo más importante es el camino. Aunque creo que ya lo has descubierto.
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