lunes, 14 de mayo de 2012

Un rato de sol

A mediodía salimos a sentarnos al sol. Si, sentarnos al sol. Al aire. Al viento.

No queríamos café, no queríamos más compañía que la nuestra. Solo nos interesaba disfrutar de unos minutos en contacto con la parte de la naturaleza que se nos ofrece a pocos metros de la oficina.

Charla, intercambio de novedades y unas cuantas risas.

Soplaba un viento lo bastante fuerte como para que nos despeináramos mucho y daba la sensación de estar subidas a una moto. El efecto del viento se me hacía agradable, era como formar parte del paisaje. Mientras charlábamos y nos apartábamos el pelo de la cara fuimos poniendo en orden nuestras “tazas”. Nos llenamos de aire los pulmones, de oxígeno el cerebro, y de buenas vibraciones el alma.

Nos reímos con ganas, de algunas cosas divertidas y de otras no tanto, pero indudablemente el sentido del humor es un antídoto para casi todo.

Miramos la hora, nos acomodamos el pelo, volvimos caminando bajo el sol, nos bajamos del ascensor cada una en su planta. Hasta mañana.

Compruebo una vez más que el compartir y comunicarse desde el alma es lo que hace la diferencia.

Un rato de sol, un momento de reflexión, unos minutos para detenerse y ver, no solo mirar.

Miro con ilusión, veo con más claridad, ahora no hay sol, pero tengo tibia la piel, estoy despeinada y mañana espero estarlo más.

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