Hoy ha sido un lunes perfecto. O debería decir un perfecto lunes. O sea uno de esos días en los que uno hubiera querido no levantarse o mejor aún: amanecer directamente en martes.
Bueno ya casi estamos, en apenas dos horas será martes, se habrá acabado este día feo.
En la clínica probaban un sistema informático nuevo y no encontraban nada, ni a los pacientes, ni las fichas ni las órdenes para los estudios ni nada. A mi tampoco y casi me mandan de vuelta a casa. Con los nervios de punta y a punto de quebrarse – creo que mi cara de espanto ante la sola posibilidad de haber ido por segunda vez en vano para la mamo grafía la convenció de que decía la verdad- logré que la asistente localizara la solicitud de mi médico para el estudio.
Cuando salí de allí, después de dos horas y dos pruebas-había una jovencita de prácticas que no acertaba con la pose, resultado; dos tomas por cada lado - me sentía agotada como si viniera de la guerra.
Ya son las 10 de la noche, ya casi se acaba el día. Mañana es martes, mañana es 12, mañana ya no es tu cumpleaños y no tengo que hacerme una mamo grafía.
Me da igual si llueve o si hay sol, mañana definitivamente será otro día, y apuesto a que será mejor.
Casi no puedo esperar para confirmarlo.
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