Ya me lo dijo hace años una amiga argentina, Blanca. “En el mundo hay más personas buenas que malas , si no el mundo ya no existiría” y una vez más debo reconocer que es cierto. Aunque a veces es bueno que nos pasen cosas que nos lo recuerden ya que a diario es más fácil ver situaciones de esas que nos hacen perder la fe aunque sea por un rato.
Había ido mi amigo Antonio como cada día a comprar su pan y su periódico y alguna cosa más cuando al regresar se da cuenta de que le faltaba la cartera. Cabían dos posibilidades, que la hubiera perdido o que algún amigo de lo ajeno se la hubiera apropiado.
Fuera lo que fuera mi amigo decidió que lo mejor era acudir al banco y anular las tarjetas de crédito para evitar males mayores y así lo hizo. Estando en el banco suena su móvil y aunque parezca mentira alguien le avisa que ha encontrado su cartera y le da su domicilio para que vaya a buscarla.
Esto en los tiempos que corren parece casi una novela rosa, algo increíble.
Que pierdas algo y que quien lo encuentra te lo devuelva, te de su dirección te abra las puertas de su casa, es todo un ejemplo de moral y también de confianza. Dos palabras que se usan poco, tal vez por que son dos cosas que se ven poco. Tal vez también es cierto que lo malo y los malos hacen más ruido, se hacen notar más. Pero también es cierto que hay gente buena, que sigue habiendo gente con buenas intenciones, con sentimientos. Nobles. Lo que antes era más o menos normal, común y hoy es una rareza algo que nos sorprende y nos despierta de esta suerte de acostumbramiento que tenemos a que las cosas sean más malas que buenas.
Cuando pasa algo como esto a mi me da por pensar que hay que volver a confiar. Como me dijo un chico una noche en la milonga, “el tango es cuestión de confiar y dejarse llevar” y la vida se parece mucho a un tango, si confiás y te dejas llevar todo irá mejor.
Blanca tenía razón en esto como en tantas otras cosas. Hay gente buena en el mundo, también hay que tener la apertura mental, emocional y espiritual de encontrarlas o de simplemente cruzárselas en el camino. A veces sólo de reconocerlas. Otras veces percibir que la vida nos está dando una segunda oportunidad de participar de la fiesta.
Yo espero no perder la cartera, ni nada, como para comprobar si la encuentra un honesto o un amigo de lo ajeno. Pero si espero salir mañana a la calle pensando que algo bueno también puede suceder. Que te pueden robar la cartera o te la pueden devolver. Que te puede caer un chaparrón, o que alguien te puede cubrir con su paraguas. Que aunque mañana esté nublado y llueva mucho, para mi hay un sol enorme al otro lado de las nubes esperando salir a entibiarme la tarde. Y que aunque tarde una semana en asomarse yo se que está allí fuera esperándome.
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