lunes, 6 de junio de 2011

Estamos vivos que no es poco

No conozco a nadie en mi familia que haya querido morirse, debe ser un problema genético, todos querían vivir como fuese, todos hasta el último aliento deseaban un poco más de tiempo.

Cuando nos vemos cerca ese momento, y otra vez aludimos al tiempo, es eso mismo lo que nos desespera, que se nos acaba, el tiempo se nos acaba, nos queda corto para todo lo queremos hacer, decir, disfrutar, amar, conocer, ver, admirar, oler, probar, saborear, gritar, llorar y más

No se que haría yo si supiera cuanto tiempo me queda, la muerte, es un concepto teórico, mientras sea la de otro, pero cuando le dicen a uno “ a usted le queda ..tanto de vida “ la perspectiva cambia. Haciendo lo único que puedo hacer puesto que no se cuanto me queda, supongo que haría todo lo que siempre he querido hacer y no hice, supongo que probaría todo lo comestible que me tentara, le diría a todo a aquel que quiero, que lo quiero, no sea que se me quede alguien en el tintero. Me iría de viaje, corto, a algún sitio que me diera mucha paz. Me bañaría una vez más en el mar. Haría el amor con mucho amor y mucha pasión y sobre todo haría lo que me diese la gana.

Pero claro todo esto no es más que un concepto teórico, puesto que generalmente cuando a uno le dicen “le queda tanto” ese “tanto” no siempre viene acompañado de buena salud, más bien todo lo contrario. Y claro, si uno tiene dolores o una enfermedad invalidante, que va limitando todo eso que queríamos hacer, decir y disfrutar la cosa cambia.

Por eso no habría que esperar a que a uno le den una fecha de partida para disfrutar de la vida, por que tal vez ese día sea tarde para todo eso que hoy se nos atraganta, como si diez personas trataran de salir por la puerta al mismo tiempo, no saldría ninguna.

Por eso sería mejor vivir cada día con la plena conciencia de que billete de partida tenemos todos aunque no se nos haya comunicado la fecha, entonces mejor vivir cada día con la plenitud de que ese día es único y al menos por un rato tenemos que ser un poco felices. Y hacer aunque sea un poco, un poco felices a los que nos rodean.

Los occidentales no estamos preparados para asumir la muerte, ni la propia ni la ajena, mucho menos la de un ser amado, aunque deberíamos ir aprendiendo por que es un trance que todos tarde o temprano tendremos que atravesar, al menos si en nuestra vida hemos tenido la generosidad , el honor y el placer de amar a alguien.

Espero haber aprendido yo también que la vida es maravillosa en si misma, y que cada momento vale la pena.

El día que tenga que irme, me gustaría pensar que ha valido la pena.

No hay comentarios:

Publicar un comentario