lunes, 4 de julio de 2011

Me oyes, pero me escuchas?

Hablamos, pero realmente nos escuchamos?

A veces tengo la sensación de que todo va tan rápido que nadie tiene tiempo de escuchar realmente al otro. Incluso luego de hacer una pregunta en ocasiones quien ha preguntado no se toma tiempo para escuchar la respuesta .

Somos como un montón de hormigas caminando en círculos como locas tratando de seguir el olor sin conseguirlo. Hablando mucho y diciendo poco y escuchando menos.

Hemos evolucionado en muchos campos pero estamos fallando en uno que es básico y es la comunicación entre los seres humanos. Es una de las cosas que nos diferencian del resto del reino animal y sin embargo no estamos sacando provecho de ella!! Podemos hablar, expresarnos con palabras, contar historias, escuchar las de los otros, conmovernos con ellas y en lugar de enriquecernos con todo esto parece más bien que nos hemos dejado todos el sonotone en casa y vamos corriendo una carrera para llegar a no se donde.

  • Te conté que con Juan estamos pensando en agrandar la familia, estamos tratando de quedarnos embarazados
  • Que bien ! Y te conté todo lo que me compré en las rebajas?? eso sí terminé agotada, me voy a casa rapidito a tirarme en el sofá, hasta la próxima!!

Dios mio, pienso yo es que Marta está sorda?? pero sorda del corazón???

Nos perdemos en las prisas cotidianas, en lo que tenemos que hacer en los próximos 10 minutos, y en cumplir una tabla de horarios y obligaciones que parece que hubiera anulado nuestra capacidad de valorar ese minuto de complicidad que no volverá, esa confesión espontánea hecha en una pausa para al café, esos minutos mientras caminamos juntos hasta el metro o el bus y nos separamos por que no viajamos en el mismo y ese momento es como si se rompiera un cristal y nosotros también saliéramos despedidos en distintas direcciones, como si hasta un segundo antes no hubiéramos estado hablando con el corazón en la mano.

Añoro – aunque suene a viejo – la época en la que encontrarse a “charlar” era un plan en si mismo. Afortunadamente tengo amigas y amigos ( lo aclaro por esto del género que ahora está tan de moda amigos y amigas ) a los que como a mi, les encanta encontrarse sólo a eso, las empanadas y el vino son la excusa para ese momento compartido que nos alimenta más que las proteínas y los hidratos de carbono y seguramente tiene más calor pero menos calorías que el vino.

Propongo reivindicar los momentos sin tele, sin peli, sin museo, sin exposición de lo que sea ( y conste que me encantan) en pro de devolver a su lugar esos momentos mágicos en los que hablamos de lo que sentimos, de lo que nos pasa, de lo que nos duele el alma, de lo que nos alegra el alma, por que todo esto alimenta el corazón y nos mantiene más sanos y jóvenes que muchos medicamentos con receta y efectos secundarios temibles. Está científicamente comprobado que la gente que puede compartir sus sentimientos, emociones, que se comunica y se siente amada vive más y se enferma menos. Que en general su salud es mejor y que si por algo enferman tienen muchas más posibilidades de mejorar que aquellos que no cuentan con este recurso.

Esos momentos mágicos con las amigas compartiendo lo que nos pasa, no se compran en las rebajas, se trabajan día a día, se riegan como las plantas, se mantienen calentitos como la sopa y se saborean como un helado de dulce de leche que además no engorda!

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