Segundas impresiones, o primeras conclusiones o lo que resulta de empezar a sentir la mezcla de culturas de las dos orillas.
Podría empezar con la frase de la canción de Facundo Cabral “no soy de aquí ni soy de allá” ahora siento que soy de todas partes, sí, soy de aquí, pero también de allá. La experiencia migratoria es sin duda enriquecedora y nos convierte en una mezcla rara de Musetta y de Mimí –como dice el tango - que a partir de ahora nos acompañará siempre.
Ya no somos los que fuimos, somos un producto nuevo, mejorado a mi entender. Uno que conserva lo mejor de su esencia, adquiere naturalmente lo que provee la nueva cultura y se va despojando lentamente de todo aquello que ahora reconoce que no le hacía sentirse orgulloso de poseer.
Uno adquiere esa elasticidad que permite disfrutar de lo diferente, apreciar lo bueno sin importar de donde venga, reconocer que hay bueno y malo en todos lados, en la cocina de casa también.
Y que esas actitudes humanas que nos provocan gran desagrado o profunda tristeza pueden tener múltiples nacionalidades, la nuestra también. Y que todo lo que es maravilloso en el ser humano, también está presente en todas las culturas: en la nuestra y la que nos acoge.
Irse de casa, mudarse a otro país, cambiar de cultura, jugar de visitante en vez de ser local, ser el de fuera, el que tienen que aprender las costumbres, el idioma, y la historia de los otros. El que tiene que hacerse un lugar, el que va a donde nadie lo está esperando. El que cree que la vida está allí a donde vaya, y va a su encuentro, aceptando lo que hay, probando lo nuevo con curiosidad y ganas de aprender, degustándolo todo como si fuera un plato nuevo. Este nuevo ser que encuentra su par en todo aquel que ha transitado su mismo camino y desde allí se siente comprendido.
El tiempo pasa y en los reencuentros se aprecian las diferencias entre lo que nos gusta de cada orilla y lo que no. Lo que seguimos teniendo en común con los amigos y lo que no, lo que acerca y lo que distancia.
Somos una raza nueva, que se entiende a sí misma, que comparte sus códigos. Una cultura nueva que proviene de la mezcla de todas las culturas que la forman, y que tiene como hilo conductor o común denominador el respeto por la diferencia y el gusto por lo nuevo, la capacidad de sacar lo mejor de todo y de hacer ese plato combinado en el cada uno aporte lo que tiene.
Celebro la creación de este nuevo plato de la gastronomía moderna y de todos aquellos a ambas orillas que se atreven a probarlo a entenderlo y a apreciarlo.
Bon profit.
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