lunes, 12 de diciembre de 2011

Viaje de vuelta

En la Argentina podés esperar que cualquiera te diga un piropo, menos el señor de migraciones del aeropuerto.
Normalmente son como inspectores de policía esperando detectar algún delincuente tratando de salir del país con pasaporte falso.

Llega mi turno en la fila, me acerco a la ventanilla:

- Buenos días y le doy mi pasaporte con las tarjetas de embarque de ambos vuelos, - uy le di todo -pienso en voz alta-

Levanta su cabeza y se queda mirándome.

Sonamos pensé, ya metí la pata, y como el señor seguía mirándome, se me escapó la risa y la pregunta: que pasa?
Nada, responde como lo más normal, es que como en la foto del pasaporte te estás riendo, quería que te rieras para comprobar que sos la misma, además tenés una sonrisa muy linda
Ah, gracias -alcancé a decir en medio de la sorpresa-
Ya te habrán dicho muchas cosas durante el viaje, o no? (pregunta retórica)
Jajaja, si al final va a ser verdad que los argentinos siempre le dicen cosas lindas a la mujeres – como si yo no fuera argentina y y no supiera como son los hombres argentinos-
Volvé, volvé...
Jajaja, me alejé riendo y pensando: buena despedida.

Me entretuve mirando un poco de todo por el Free Shop y al subir al avión, llego a mi asiento, subo mi equipaje de mano y me siento, pero no me acomodo demasiado a la espera que lleguen mis compañeros de los asientos de la ventana, y el medio. Yo pedí pasillo. Cuando uno viaja solo, es preferible no tener que despertar al señor que ronca nuestro lada para ir al toilet a las 3 de la mañana.

Grande y grata fué mi sorpresa al comprobar que ya habían embarcado todos los pasajeros y ninguno estaba a mi lado!! Toda la fila de asientos sería para mi solita! .

Fui gran parte del viaje estirada cuan larga soy – que no es tanto- comodamente. No dormí, pero al menos llegué relajada y sin dolor de piernas y espalda. Todo un lujo viajando en clase turista.

Antes, a mitad de la noche o no se que hora, pero allí arriba estaba oscuro, una chica joven y rubia, se ofrece a “salvarme” de tres moscardones italianos que al lado de la mesita autoservicio, de las bebidas al final del avión, hacían circulo a mi alrededor y preguntaban: -argentina? parla italiano?. Y yo que sólo había ido a tomar agua! Por suerte apareció ella, y nos pusimos a charlar. Terminamos descubriendo que teníamos unas cuantas cosas en común: el nombre, el barrio en Buenos Aires, habíamos viajado en las mismas fechas y más cosas que luego nos contamos en la escala en Roma para tomar el siguiente vuelo a Barcelona.

En el siguiente avión, mi compañero de asiento resulta ser un joven que también venía desde Buenos Aires. Me ofrece chicles: -gracias, no soy de chicle. Se ríe. Me ofrece Sugus confitados! Esto si que es irresistible. - Los Sugus de mi infancia- confieso- vale, gracias- y acepto abrir la caja y comerme un caramelo. El es italiano y no sabe que lo que es un Sugus confitado , se lo explico, - para mi eran una fiesta en los recreos del cole- nos reímos. La siguiente hora y media del viaje charlamos como si nos conociéramos de toda la vida, con la misma naturalidad y el relax que da una amistad de mucho tiempo.

Nos despedimos al salir del aeropuerto cada uno en busca de su transporte a casa.

El chofer del taxi, también resulta conversador y amable.

Finalmente 26 horas después de salir para el aeropuerto de Ezeiza en Buenos Aires y tomar dos aviones, llegué a mi casa de Barcelona cansada pero feliz.

Feliz de haber vivido un hermoso reencuentro con la familia y los amigos.

Feliz de volver con la sensación de que mi casa de acá, me recibe tan amablemente como me despidió mi gente allá.

A pesar de que el frío que nos recibió en el aeropuerto derivó en un resfriado con tos siento que he iniciado este retorno con buen pié, es como un buen augurio.

Los resfriados y la tos van y vienen, las buenas vibraciones perduran.


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