martes, 19 de febrero de 2013

Pasaba por ahí


Tenía que pasar a comprar el vino para la cena. Llevaría el vino y algo para el postre.

Un vino suave, pensó. Y de postre un toquecito dulce. Entre semana mejor no exagerar.

Aún quedaba tiempo y decidió pasar por la librería que quedaba de camino, sólo a mirar, por si daba con algo que le llamara la atención.

Llegó hasta el fondo después por pasar por la sección de novedades, diccionarios, y libros de fotos.

Pasó la mano por las tapas de los libros. Fue leyendo los títulos uno a uno. Les dio la vuelta, leyó los resúmenes de las contratapas. Se detuvo en una historia conmovedora “ Llenaré tus días de vida”.

No pudo evitar pensar. Reflexionó un rato. Repasó los demás libros de la mesa. Se sintió afortunada, podía aprender de todo aquello sin poner el cuerpo, el suyo, por una vez.

Ya le dolía bastante, le dolían muchos dolores viejos. Y entre tantas frases y párrafos sueltos se quedó con uno que decía que “si te aferras a lo viejo no entra lo nuevo”.

Decidió soltar la carga. Sintió el deseo de aprender como le propuso alguien hacía ya tiempo “ con felicidad, con alegría, de las buenas experiencias” Decidió dejar el dolor en aquella mesa junto con los libros de autoayuda para dejar de sufrir.

Se prometió que cuando pasara algo “malo” no se aferraría a ello. Lo dejaría pasar como pasan las nubes en el cielo cuando sopla el viento.

Salió de la librería con su botella de vino afrutado y las galletitas de chocolate belga, caminando despacio, sintiendo el aire frío en la cara, y saboreando por adelantado la cena, la charla y el encuentro.

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