Y no por que la falta de dinero aumentara el amor o uniera a las parejas, simplemente era más barato seguir juntos que separarse.
La crisis no ha desaparecido y los divorcios siguen siendo más caros que pasar de ser una pareja a convertirse en compañeros de piso que comparten gastos.
Que ha pasado entonces?
Nos estaremos volviendo más sinceros?
Estaremos descubriendo que la vida es más que ahorrar compartiendo el piso y amargándonos la vida con alguien a quien ya no amamos ?
Estaremos comprobando que vale más vivir con menos pero felices que hacerlo en un bonito piso pero esquivando al “compañero de piso” todo lo posible?
En definitiva la crisis no sólo nos ha ido despojando de lo material capa por capa como una cebolla, sino también ha ido dejando al descubierto lo real al final de la fiesta. Cuando se apagan las luces, baja el telón y ya no queda dinero para comprar felicidad envasada en estuches de lujo, sólo quedamos nosotros frente a frente con lo que somos.
Cuando después de intentar salvar algo del naufragio “compartiendo piso” nos damos cuenta de que la vida es muy corta para vivir mintiendo, sobre todo para mentirnos a nosotros mismos y perder lo único importante que nos queda: la oportunidad de ser felices, de volver a empezar, de no confundir el brillo con el oro.
Habrá que celebrar entonces ser líderes en divorcios si esto también significa que los que siguen juntos es por que se quieren y los que ya no quieren estar juntos se separan.
Felicitaciones a todos los que han tenido el valor de reconocer sus verdaderos sentimientos y han decidido volver a empezar.
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