Cuando te duele tanto es por que has
tomado una decisión.
Ya sabes lo que sientes. Sólo queda
actuar.
Aceptar la realidad y luego tomar otra
decisión: la de cerrar una puerta para poder abrir otra.
Volver a empezar
Volver a confiar.
Volver a creer.
Volver a querer.
Volver a reír con ganas.
Volver a sentir con la frescura y la
inocencia de la primera vez.
Volver.
El camino de regreso puede ser largo y
sinuoso pero nos lleva siempre a casa.
Y no es acaso un buen destino?
Al principio no sabes ni donde está tu
lugar. No sabes ni a donde volver.
Pero lentamente vas recuperando la
memoria.
Vas volviendo a reconocer tus propias
sensaciones, la vista, el gusto y el olfato vuelven a ser los tuyos,
los de siempre. Y los jazmines tienen esa mágica fragancia de la
infancia con sabor de abuela y amor de para siempre. Y los ravioles
caseros son el manjar más deseado, sin estrella michelín, con un
solo tenedor y hasta sin servilleta.
Y todo lo bueno y lo simple se
convierte en protagonista.
Como si te hubieras partido en muchos
pedacitos y ahora los fragmentos quisieran volver a juntarse.
Y se juntan. Y vuelven a ser uno.
Cuando sientes que han traicionado tu
confianza, duele. Duele mucho. Y descubrir que has perdido la
confianza en ti mismo duele aun más.
Pero cuando encuentras el camino de
regreso, sólo quieres caminar más rápido. Tienes ganas de llegar.
Sientes un deseo inmenso de ravioles y jazmines. Y lo mejor es que
estás seguro de que los vas a encontrar.
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Qué lindo! Vale la pena volver, vale la pena haber cerrado una puerta para abrir otra; aunque los pedacitos vuelvan a juntarse para ser uno, volverán desde otro lugar, con una nueva mirada. Un abrazo.
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