lunes, 4 de febrero de 2013

Jazmines y ravioles

Cuando te duele tanto es por que has tomado una decisión.
Ya sabes lo que sientes. Sólo queda actuar.
Aceptar la realidad y luego tomar otra decisión: la de cerrar una puerta para poder abrir otra.
Volver a empezar
Volver a confiar.
Volver a creer.
Volver a querer.
Volver a reír con ganas.
Volver a sentir con la frescura y la inocencia de la primera vez.
Volver.
El camino de regreso puede ser largo y sinuoso pero nos lleva siempre a casa.
Y no es acaso un buen destino?
Al principio no sabes ni donde está tu lugar. No sabes ni a donde volver.
Pero lentamente vas recuperando la memoria.
Vas volviendo a reconocer tus propias sensaciones, la vista, el gusto y el olfato vuelven a ser los tuyos, los de siempre. Y los jazmines tienen esa mágica fragancia de la infancia con sabor de abuela y amor de para siempre. Y los ravioles caseros son el manjar más deseado, sin estrella michelín, con un solo tenedor y hasta sin servilleta.
Y todo lo bueno y lo simple se convierte en protagonista.
Como si te hubieras partido en muchos pedacitos y ahora los fragmentos quisieran volver a juntarse.
Y se juntan. Y vuelven a ser uno.
Cuando sientes que han traicionado tu confianza, duele. Duele mucho. Y descubrir que has perdido la confianza en ti mismo duele aun más.
Pero cuando encuentras el camino de regreso, sólo quieres caminar más rápido. Tienes ganas de llegar. Sientes un deseo inmenso de ravioles y jazmines. Y lo mejor es que estás seguro de que los vas a encontrar.

1 comentario:

  1. Qué lindo! Vale la pena volver, vale la pena haber cerrado una puerta para abrir otra; aunque los pedacitos vuelvan a juntarse para ser uno, volverán desde otro lugar, con una nueva mirada. Un abrazo.

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