martes, 12 de marzo de 2013

Como suenan las palabras


Uno en el fondo sabe. Pero a veces no quiere ver.

Lo que rompe el maleficio es hablar del tema en voz alta. Y si es con una amiga y una copa de vino, mejor.

Hicimos muy bien mi amiga y yo en irnos juntas a picar algo por ahí y charlar de lo que nos rondaba la cabeza, nos quitaba el sueño y comprometía algún otro órgano.

Fue como mágico, aquello que parecía un misterio incapaz de ser resuelto vio la luz en pocos minutos al convertirse en palabras lanzadas al aire. Y al oído entrenado de la amiga que cuando escucha el relato reconoce la vivencia y le resulta relativamente fácil encontrar otro sentido a esa pequeña historia. Que no era una historia pequeña, sino corta en el tiempo pero cargada de significado. Con uno nuevo ahora, un significado que podía cambiar el curso de la historia. De esa historia corta en el tiempo y aun con un futuro incierto.

Me quedé pensando en cuantas cosas no dichas crean malos entendidos.

Cuando no me dicen, yo completo la información con lo que creo que debería ser, pero que tal vez no sea y quizás sea todo lo contrario.

Ya se que hago mal, no debería suponer lo que otro está pensado, no tengo la bola de cristal para adivinar, y seguramente más de una vez me equivoco cuando “adivino” pero no logro evitarlo del todo. Igual que con el chocolate, me prometo que poquito y después acabo tirando el envoltorio vacío...

Hablar es terapéutico, es divertido, acerca, crea lazos, hace amigos, soluciona problemas, aclara las dudas, resuelve los enigmas de las amigas ( y los propios) expresa sentimientos, y además nos ayuda a saber lo que el otro está pensando!

No es estupendo?


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