lunes, 25 de marzo de 2013

La lección de tango


Cuando empecé a tomar clases de tango, sentí que era la actividad que más hacía conectar con el otro, Con el compañero de baile. Y resultó cierto. Si no conectas no bailas, o no bailas bien, o no lo disfrutas.

No me imaginaba yo cuan profundo me haría conectar conmigo.

Tienes que llegar a encontrarte dentro de ti.

Las emociones pueden fluir suavemente o como una avalancha.

Las avalanchas te dejan exhausta pero también te dejan un mensaje escrito en el cuerpo.

De pronto tengo más conciencia de mi.

De pronto mi clase de tango se transformó en otra clase.

Mis emociones me desbordaron, pudieron conmigo y por un momento me abandoné dentro de mis lágrimas.

Pero mi maestro tenía razón, este tsunami emocional dejaría un sedimento positivo, había que darle un poco de tiempo a que bajaran las aguas y lo bueno tomaría su lugar.

El tango y la vida se parecen. Como en un espejo se refleja como eres.

Es un camino interesante de auto descubrimiento. Uno que puede contarte cosas de ti mismo que no sabías.

Me puse de pié y empecé a sentir cada parte de mi cuerpo de una forma diferente, nueva. La mujer que soy y la que baila tienen que encontrarse en un un punto. Tienen que compartir algo más que lo zapatos de tacón.

La pasión que hay en mi para vivir ha de salir a bailar, con las mismas ganas la misma fuerza y la misma alma.

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