Desde la más absoluta miseria, desde
donde no hay nada que perder nacen los artistas.
Y también desde allí toman forma los
sueños.
Desde ese punto muerto donde a veces te
encuentras en tu vida, en el que temes mover algo y que toda la
estructura se caiga.
Y de pronto te despiertas un día con
la sensación de que si no lo intentas igual lo perderás todo.
Y te das cuenta de que no quieres
perder.
Y que la estructura no se caerá, a lo
sumo se moverá un poco y encontrará su equilibrio otra vez.
Y entonces cuando te atreves a pensar
en dar el paso, te das cuenta de que puedes. Y te emocionas, y te
alegras y tu corazón late más fuerte más rápido. Es un punto de
partida.
Es el final de un camino y el comienzo
de otro.
Sólo hay que ponerse el calzado
adecuado y saber que tropezar es normal y aún caerse, siempre
pensando en levantarse y sin perder de vista el objetivo: llegar a la
meta.
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