En años anteriores los españoles salían de rebajas a comprar todo lo que estuviera barato, sólo por que estaba barato. Me impactó comprobar que a mi amiga Ana no le importaba si era un perro de peluche o una minifalda de escándalo que no se ponía desde que tenía 15 años, pero como estaba “rebajado al 50% me lo llevo” este era el comentario más escuchado una vez los Reyes Magos se hubieran marchado, como si fuera su estela, que duraba hasta marzo.
Este año he visto a la gente, mirando cada prenda, cada etiqueta, comprobando el descuento. Hasta he visto una señora asegurándose en la caja de si el precio de la etiqueta que ponía “50 %” era con o sin el descuento antes de decidirse.
Nunca antes había visto que la gente comprara con tanta mesura.
La fiesta se acabó hace rato, junto con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, y el comienzo de la crisis, pero aún tuvo que pasar un tiempo para que las cosas cambiaran.
Tal vez para muchos esta sea una manera de volver a poner las cosas en su sitio. De volver a ordenar la tabla de valores.
Las crisis también pueden ser oportunidades de volver a empezar de otra manera.
Después de todo, no me parece tan malo que dejemos de comprar perros de peluche, minifaldas imposibles y otro televisor que no necesitamos sólo por que están baratos.
No irá siendo hora de dejar de amontonar cosas que nunca vamos a usar y empezar a pensar?
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