Y el invierno llegó así, de golpe.
Junto con el cambio de hora, llegó el frío, un frío de invierno
pero en octubre. Un frío que no esperábamos tan pronto ni tan frío:
12 grados menos de la noche a la mañana. Y a las 6 de la tarde llegó
la noche. Es como si nos hubiésemos ido a dormir de veranito y
amanecimos en noche vieja.
Habrá que ir acostumbrándose por que
esto es sólo el comienzo. Por delante un largo y frío invierno que
igual que vino ayer, se irá en junio y nos devolverá el calor del
sol los días largos y las tardes de terrazas.
Estos cambios bruscos me recuerdan
siempre lo rápido que pueden suceder las cosas. Aún cuando parece
que todo sigue igual, de repente algo sucede, algo que lo cambia
todo.
Es una de las partes más estimulantes
de la vida: la sorpresa.
Yo espero que algo bueno me sorprenda
esta semana.
De momento para mañana ya tengo a mano
una chaqueta gruesa y mi bufanda más gordita.
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